martes, 9 de agosto de 2016

Queremos educarlos. Pero sin darnos cuenta...

Hoy quiero “gritar” de alguna manera ante aquellas acciones contradictorias de las que he sido testigo desde que mi ojo clínico maternal-Montessori se cruzo por mi camino. Ojo no digo que algunas no las pueda cometer yo misma, somos humanos. Con esto no pretendo juzgar el comportamiento de nadie, quiero simplemente reflexionar…algo que deberíamos hacer bastante a menudo.


Queremos que nuestros hijos compartan. Pero mientras les decimos que tienen que compartir les arrebatamos el juguete para dárselo a otro.

Queremos que nuestros hijos dejen de gritar. Pero mientras se lo decimos alzamos la voz “¡Te he dicho que no grites!”

Queremos que nuestros hijos dejen de pegar. Pero mientras se lo decimos “¡Te he dicho que no se pega!” les damos un cachete en el culo.

Queremos que nuestros hijos no cojan rabietas. Pero sin saberlo coartamos sus decisiones y bloqueamos su identidad.

Queremos que nuestros hijos no insulten. Pero en ocasiones en nuestro día a día de adultos nosotros insultamos.

Queremos que nuestros hijos no digan palabrotas. Pero cuando hablamos con un amigo/a se nos escapa alguna.

Queremos que nuestros hijos no se frustren. Pero a veces les hacemos bromas que solo entienden los adultos.

Queremos que nuestros hijos después del colegio vayan a inglés, matemáticas y otras clases de apoyo sin rechistar. Pero cuando nosotros terminamos de trabajar solo queremos sentarnos a descansar. 

Queremos que nuestros hijos no derramen el vaso de agua, o no se les rompa un plato. Pero si en la cena de amigos a algún amigo se le rompe un plato, o se le desborda el vaso de limonada, no pasa nada, incluso alguna risa nos echamos. 

Queremos, queremos, queremos…pero en ese queremos nos olvidamos de comprenderlos, amarlos y respetarlos. Día a día nos separan 5 segundos de nuestras decisiones, decisiones importantes que pueden repercutir en el presente y futuro de nuestros pequeños.

Respiremos, no nos culpemos de los errores, aprendamos de ellos. Pero dejemos que nuestros hijos también tengan esa oportunidad que brinda la vida.

Seamos como queremos que sean nuestros (presentes y futuros) hijos...

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