Los niños molestan

La infancia molesta.

Hoteles, restaurantes, medios de transporte, si damos una vuelta a cualquier lugar posiblemente veamos dos realidades: o que no se puede entrar con niñas y niños o que no está preparado para las niñas y niños.

Ahora la calle no es como era antes, trozos de tierra, lugares sin apenas coches, donde saltar, correr, trepar, jugar, bailar sin descanso. Donde niños y niñas de todas las edades jugaban. Ahora no, ahora solo hay un trozo de césped un par de columpios en los que hacer turnos. Cuatro o cinco niños y niñas porque los demás están en extraescolares. Porque lo que interesa al adulto es tener un hijo brillante no que su hijo disfrute de su infancia.

Y al llegar a casa la infancia que todavía está llena de energía necesita descargarla y los padres, las madres se ven sobre pasados con tanta energía que controlar y entonces ocurre ¡las pantallas!

Si vas a comprar para toda la semana, los niños, las niñas molestan. Porque hay que hacerlo rápido, porque hay que llenar el carro e irse cuanto antes a casa y entonces ¡las Pantallas!

Si vas al médico y estás esperando, y hablan más alto, o gritan o intentan correr, molestan así que ¡las Pantallas!

Si estás en una cafetería o un restaurante y tu peque está de aquí para allá y te miran los de al lado con cara de pocos amigos, agachas la cabeza y enciendes ¡las pantallas!

Antes habían tribus, tribus sin miedo, tribus de vecindario. Donde todos se cuidaban unos a otros. Donde los niños y niñas incluso ayudaban en casa en las tareas del hogar. Ahora hay una larga lista de quehaceres, mamá, papá trabajan y cuando llegan a casa todo está manga por hombro ¡alguien tendrá que hacerlo! Y no hay tiempo para tanta responsabilidad y no hay tiempo para quemar esa energía de infancia así que lo más rápido es hipnotizar, desconectarlos del presente un poquito así que ¡Pantallas!

Y ¿cómo amar nuestros hijos e hijas si no somos capaces de dedicarnos tiempo ni siquiera a nosotros mismos y a nosotras mismas? Las pantallas queramos o no hacen que dediquemos menos tiempo a ser quienes hemos decidido ser padres y madres.

Retomar lo que hacíamos antes de las pantallas, retomar algo que parece tan sencillo y que inevitablemente se está perdiendo: colaborar en casa, compartir tareas del hogar, jugar juntos en familia incluso aburrirse, también salir a la calle a correr, saltar, socializar, ensuciarse un poco o un mucho. Ir a la naturaleza a explorar, a tocar, a sentir, a gritar…vamos todas esas cosas que la tecnología no hace y que sencillamente es compartir tiempo en familia.

No se trata de entretener a tu hijo a tu hija. No se trata de hacerte sentir culpable, porque no lo eres, no lo somos. Lo que si somos es responsables porque nuestros hijos e hijas no molestan simplemente nos necesitan y necesitan nutrir su infancia con cosas reales que se puedan ver, tocar y sentir…sencillamente que se puedan vivir a través de su cuerpo y todos sus sentidos. Así que te propongo algo.

Si realmente te hace latir algo de lo que he escrito aquí te animo a compartirlo y si quieres reflexionar más sobre este tema y tener un manual inspirador, una guía a la que recurrir cuando llegue de nuevo el caos con ideas, planes, recursos y actividades en familia te invito a que leas este LIBRO.

¡Conecta con tu familia, desconecta de las pantallas!