¿somos realmente respetuosos si les negamos el 50% de los juguetes solo por su sexo?
Regalar juguetes inclusivos no es una moda, es un acto de coherencia con la educación respetuosa: validar sus intereses genuinos por encima de las expectativas sociales.
Los regalos que elegimos son más que simple entretenimiento; son las primeras herramientas que ofrecemos a nuestras hijas e hijos para explorar quiénes son y quiénes quieren ser.
El juguete perfecto no es el que tiene una etiqueta (para niño o para niña) sino el que despierta la curiosidad de nuestro hijo o hija.
Desde el momento en que nacen, la sociedad divide el mundo: el rosa para el cuidado, la casa y la belleza; el azul para la acción, la fuerza y la construcción. Esta es una coacción invisible que, a través de los juguetes, enseña a la infancia a «encajar» en un rol predefinido en lugar de a «ser» ellas y ellos mismos.
Al limitar el acceso, limitamos su potencial. Al permitir que puedan elegir, les decimos que confiamos en ellas y ellos.