Montessori. Chocándonos con la realidad

Lo primero que quiero decir es que  la educación Montessori no busca la perfección.

Cuando una familia, una madre, un padre…decide aplicar la educación Montessori en casa lo primero de todo es la energía y las ganas con las que se coge. Con mucha ilusión empezamos a preparar el ambiente, a investigar sobre como aplicar en casa, etc, etc.

Pero una vez empezamos a sumergirnos  en la vida real. En el aquí y el ahora empiezan a florecer las dudas una y otra vez. También cuestionarnos si lo estamos haciendo bien “¿Si le dejo hacer “esto” estaré haciendo bien?”.

A veces con demasiada información confundimos las cosas, nos vemos abrumados por intentar ser lo que pone en un libro. Y nos olvidamos de algo importante seguir nuestra naturalidad, nuestro corazón, nuestro criterío. La educación Montessori es fabulosa, pero tú como madre/padre también lo eres, eres fabulosa/o y harás cosas que quizás no estén en ese libro Montessori, en ese blog, en ese curso, en esa escuela. Y si salen de tu interior, de tí, de tu naturalidad será todavía más hermoso. La Educación Montessori no es un manual de instrucciones. Leer muchos libros Montessori no nos hará más sabios…nos aportará ideas, nos hará reflexionar, cuestionarnos. Pero debemos tomarlo todo con cierta perspectiva, sin que sea o TODO o NADA. Porque Montessori no es o todo o nada. No es “sino haces esto no eres Montessori” o “si tu hijo hace esto no es Montessori”. 
Quitémonos esa presión, esas etiquetas, esos juicios de valor. Nadie sabe más que nadie, porque efectivamente, como todos sabemos no hay nadie perfecto. Y esto no es solo aplicable a nosotros  sino con cada miembro de nuestra familia. Pues habrán cosas que podamos aplicar y otras no. Si tu pequeño tiene que ir a casa de tu madre/suegra, tía…y no aplican Montessori. No se acaba el mundo. No se trata de hacer una burbuja, nuestros pequeños aprenderán cosas que no teníamos en mente, algunas no nos gustará escucharlas o verlas, otras nos llenarán el corazón. Pero en ambos casos nuestro pequeño debe ser acompañado sin que nos tomemos las cosas de manera personal. Porque no es por tí. Está aprendiendo…los límites tienen que ser explorados, y para ello se sobrepasarán. Nuestros pequeños tienen que vivirlos y a veces esto significa que quizás no se cumplan. Porque recordemos que el error forma parte de todo aprendizaje vivas aquí o en la otra parte del mundo.
No hay dos casas iguales, no hay dos familias iguales, ni dos niños iguales. Ni tampoco las circunstancias que acontecen en cada familia se pueden comparar. Montessori no es una pócima mágica, ni tampoco un kit de reglas que debamos llevar a raja tabla.

Las personas que difundimos la educación Montessori no somos familias perfectas, ni tenemos unos hijos perfectos. Sin duda nos equivocamos, como todas las familias, como todos los seres humanos. Nuestra intención, y hablo también en particular, desde nuestro blog, es compartir lo que aprendemos e intentando integrar en nuestro día a día cada aprendizaje unas veces con mayor éxito otras no tanto, y al mismo tiempo compartirlo con los que quieren acompañarnos. 

Estar con otras personas que compartan nuestra manera de ver la infancia, contarles nuestras inquietudes, incluso nuestros problemas y al revés. Es una buena forma de obtener ideas, reflexiones, etc. Porque quizás otra madre o padre lo haría diferente a tí y ambos seguís, quizás, la filosofía Montessori. 
La educación Montessori no es coser y cantar y no son reglas de oro, ni un manual de instrucciones.
Frustrarse no es la solución, por supuesto, debemos tener presente que la educación Montessori no es de hoy para ¡ya! es a largo plazo, y quizás no veamos los resultados hasta pasado bastante tiempo. No por ello debemos tirar la toalla.

Intentar llegar a esa perfección que “creemos” que leemos en los libros, que vemos en fotos, vídeos, blogs, es imposible ¡Porque ni ahí hay perfección! 

Los niños son niños, y por supuesto seres vivos ¿Y por qué digo esto último? porque es normal que: salten, griten, se emocionen, lloren, pataleen, se manchen, no quieran compartir, se enfaden, empujen, se peguen, se rían, se abracen, etc. igual que lo pudiste hacer tú, de pqueñ@, que lo hace cualquier niño.

Igual no pone la mesa cuando se supone que “tu quieres que la ponga”, o no dice gracias cuando “tu crees que sería el mejor momento”  o no controla sus emociones cuando a ti te gustaría que lo hiciera. Porque tu hijo ante todo es un ser único, no eres tú. Y no es más o menos Montessori por hacerlo. Es tu hijo y ante todo es un niño precioso que merece que lo tomes en cuenta. 

Que si mi hijo hace esto ¿por qué lo hace? ¿por que todavía no habla? ¿por qué todavía lleva el pañal? ¿por qué todavía no duerme solo? 
A veces los padres somos demasiado exigentes, nos autoexigimos ( y me incluyo) y también exigimos a nuestros pequeños. No podemos exigir tanto, porque simplemente no es sano, ni natural. Y está claro que la educación Montessori es maravillosa, pero su filosofía no es sino la parte más natural, espontanea y sincera que nace del corazón. No se trata de “hacer niños perfectos” no se trata de “hacer padres perfectos”. No los hay, ni los habrá.

Un niño por estar callado, tranquilo y sentado no es más bueno que el niño que grita, salta y no se puede quedar quieto en una silla. Simplemente son personalidades diferentes ¿o es que acaso tu eres igual que tu amiga/o? ¡qué aburrido sería…entonces!

Todos fuimos niños en un momento de nuestra vida y nuestros padres nos acompañaron lo mejor que sabían, ya que a su vez, ellos fueron niños y también tuvieron padres que velaron por su seguridad. El cómo lo hicieron, es otro cantar. El intentar ser cada día mejores personas, ya no digo madres o padres, porque realmente ya no es solo como te comunicas con tu hijo sino con el mundo. Esta debe ser, sin duda, nuestra meta. Ir comprendiendo los errores que cometemos como oportunidades de aprendizaje para nosotros mismos. Para crecer, sin compararnos con los demás sino con nosotros mismos.

El error es todavía visto por nuestra generación y generaciones pasadas como algo que no se puede cometer. Y por esta razón nos culpamos y autoexigimos. Sin darnos cuenta de que nosotros como padres la única manera que tenemos para ser la mejor versión de nosotros mismos es equivocarnos para aprender de ese error. Y así también nuestros hijos.

No hay nada idílico, nada perfecto. Hoy será un día maravilloso y puede que mañana te den ganas de meterte bajo la sábana. Tal vez tengamos que establecer prioridades que nos ayuden a acompañar a nuestros pequeños.

1. NO BUSQUES LA PERFECCIÓN
2. TOMA TIEMPO PARA TÍ
3. RESPETA A LOS DEMÁS
4. SIGUE AL NIÑO (tu hijo), SIGUE A TU CORAZÓN
5. NO PROYECTES EN EL FUTURO, PROYECTA EN EL PRESENTE
6. NO QUIERAS TODO DE HOY PARA HOY
7. NO TE CULPES, BUSCA UNA SOLUCIÓN.
8. RESPIRA, CONVÉNCETE DE QUE LA PACIENCIA ES LA MEJOR  HERRAMIENTA
9. ¡DISFRUTAAAAA DE TU HIJ@ SOLO SERÁ NIÑO UNA VEZ!
10. MONTESSORI SÍ, PERO CON TUS PIES EN LA TIERRA

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