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La imaginación en la infancia ¿Cómo potenciarla?

Extraescolares, deberes, pantallas. Las niñas y los niños tienen muchos obstáculos diarios que limitan su imaginación.

La imaginación nace en los primeros juegos de la infancia. En convertir algo real en infinitas posibilidades. Este juego que se crea no es dirigido por las personas adultas sino que son las criaturas las que, con su ingenio, convierten las mantas en guarida, los cojines en casas o puentes levadizos, etc. 

Lo único que podemos hacer las personas adultas es ofrecerles tiempo para imaginar y materiales que les inviten a ello. Uno de los beneficios más importantes que tiene el practicar a menudo su faceta imaginativa es que terminan aprendiendo a resolver conflictos de manera asertiva y creativa, porque en su juego se los han encontrado mil veces y en esas mil veces siempre han sido resolutivos para crear lo que finalmente necesitaban.

¿Quién no ha jugado con cojines en su infancia?

Un fuerte, un supermercado, un puente, un castillo, una nave espacial, una guarida. Los cojines eran tantas cosas…una peluca, una tripa enorme, un frisby. 

Cuando conocí el proyecto de wigiwama me enamoró. Ver aquellos cojines con formas y de diferentes tamaños me recordó a cuando era niña y pensé que éste podría ser uno de los mejores regalos para cualquier peque. 

Un material real, con colores atractivos que invita a dejar volar la imaginación y convertirse en cualquier cosa.

Montarlo, desmontarlo, reconstruirlo, destruirlo, muchas formas de utilizar un mismo material. Porque la imaginación no tiene límites. 

Dejemos de intentar entretenerles todo el tiempo, de planificar todas sus horas con actividades dirigidas. Empecemos a regalarles tiempo, el suyo, el que les corresponde e invitémosles a imaginar de forma infinita, sin barreras, ofreciéndoles materiales que les invite a crear sin parar todo aquello que se propongan. 

Y en su juego, en el de inventar, en el de poner a prueba sus destrezas imaginativas, habrá momentos en los que buscarán la calma. Pero la buscarán con su juego.

Menos pantallas, menos actividades dirigidas y más dejar volar la imaginación.