Cómo explicar el día y la noche a los niños y ¡¡SORTEO DE UN RELOJ KID’SLEEP!! (Cerrado)

El niño acaba de aterrizar en este mundo, está conociéndolo con todas sus particularidades, y entre ellas está el hecho de que de repente a determinada hora se va el sol y sale la luna. Se hace de noche o se hace de día. Para el niño este cambio puede resultar complicado de entender. Pero si establecemos rutinas es más sencillo. Lo que pretendemos es que los pequeños puedan entender esta complejidad de una manera sencilla.

¿Cómo? A partir de los 18 meses (o antes depende del niño y sus necesidades) podemos empezar a explicarle de una manera divertida este suceso.
Por ejemplo cuando nos vamos a dormir podemos contarles una historia en la que ellos mismos pueden ser los protagonistas:
«Leo cuando salia el sol, decía: ¡buenos días! y se preparaba su vaso de cereales y desayunaba. Luego se lavaba los dientes y se vestía para ir a la escuela. Papá lo llevaba al colegio en coche, Leo en el colegio hacía cosas muy interesantes y se encontraba con sus amigos. Cuando era la hora de comer la mamá de leo iba a recogerlo y comían juntos en casa. Luego Leo dormía un poquito para descansar, cuando se despertaba merendaba, porque todavía era de día, estaba el sol y cuando terminaba se iba al parque con sus papás hasta que la luz del sol se hacía naranja, entonces se iban a casa a cenar, se bañaba y se ponía el pijama, mamá y papá le daban un beso y Leo miraba por la ventana ¡Había salido la luna! Ya era la hora de dormir…Todos se decían ¡buenas noches!»
Para los más mayores podemos presentarles el globo térraqueo y contarles una historia con el globo terráqueo delante y una linterna:
«Esta esfera que ves representa la tierra, nosotros vivimos aquí (señalamos en el globo). Es un planeta muy grande por eso solo podemos ver una pequeña parte. Donde vivimos. El planeta gira así…(movemos el globo) nunca para, está moviéndose continuamente…Cada vez que esta esfera (nuestro planeta) gira es un día y una noche. La tierra gira alrededor del sol (podemos coger una linterna y enfocar hacía el globo). Esta linterna representa el sol. Como ves la luz solo le da a una parte del planeta. Y en esta parte que da la luz es de día, pero en esta otra que no da la luz…¿que será? De noche, sí. El sol siempre está en el mismo sitio. Es la tierra la que gira y como ves ahora es de día ahora es de noche, ahora es de día ahora es de noche (vamos girando el globo con la linterna enfocada a un punto). ¿Quieres probar tú? (invitamos al niño a que coja la linterna y pruebe).
Hace poco descubrimos un reloj para niños que precisamente mostraba de manera visual este hecho.

Nos pareció muy interesante para incorporarlo en el día a día de nuestros pequeños, de esta manera tan intuitiva los niños pueden saber cuando es hora de levantarse y de dormir (una buena manera también de introducir las horas a los más mayores, y de explicarles de una manera visual a los más pequeños que es de noche y dormimos, que es de día y nos despertamos). Digamos que es el primer contacto con las horas. Ya que normalmente solemos decir «de aquí un rato nos iremos a dormir» ¿qué es un rato? ¿cómo se cuenta ese tiempo? Pero si les decimos «Cuando en el reloj el niño esté en su cama nosotros también nos iremos a dormir». Para destetar por las noches, aquellas mamás que den pecho y deseen hacerlo, o las que den biberon y también tengan este handicap, puede ser un material también interesante «cuando en el reloj el niño esté durmiendo todos dormiremos, la tetita también».

Este material me parece muy interesante y en sintonía con la filosofía Montessori y la Disciplina Positiva, pues me parece una manera respetuosa de conectar con el niño, para que poco a poco vaya familiarizándose con este hecho de la naturaleza.

Nosotros lo hemos incorporado ya a nuestro día a día junto con nuestra tabla de rutinas. Y para Inot está siendo muy entretenido e interesante.
Es de la marca CLAESSENS’KIDS (it’s time for kids) y podéis encontrar diferentes variantes. Nosotros hemos elegido esta del niño porque se acopla más a la filosofía Montessori. A la realidad de la Dra. Montessori hablaba. Pero también tenéis de protagonista un conejo, una oveja, etc. 
Lo mejor de todo es que puesto que este mes cumplimos un año con el blog vamos a sortear uno. Puesto que pensamos que puede ser muy útil en los hogares donde hay niños pequeños. El ganador /a podrá elegir entre dos colores: AZUL O ROSA de este reloj que os enseño (porque en la web de Classens’Kids hay muchos otros más, que podéis ver si queréis AQUÍ. Pero este nos pareció el más Montessori) y que creo que es el que más se ajusta a la filosofía Montessori.

Para participar tendréis que seguir las siguientes bases, muy facilitas:
-Seguir en facebook a CLAESSENS’KIDS
-Ser seguidores de APRENDIENDO CON MONTESSORI.
-Rellenar el formulario de abajo del todo de este post donde pone GIVE AWAY (es importante que lo hagáis para entrar en el sorteo, esto nos facilita que podamos tener toda la base de datos de los que participáis sin que se pierda el nombre de nadie, en el momento veamos otra posibilidad de hacerlo no os preocupéis que lo haremos, gracias)
PARTICIPACIÓN EXTRA, que no es obligada, tan solo tendréis que:
-Seguirnos por instagram AQUÍ.

El sorteo finalizará el Lunes 29 de Agosto. Diremos el nombre del ganador a través de facebook.

El sorteo es a nivel Europeo así que ¡animaos!

a Rafflecopter giveaway

LAS ETIQUETAS

El niño tan frágil, natural, espontáneo. Llega a este mundo libre de ETIQUETAS, libre de prejuicios, llega sano, sin preocupaciones. Llega con ganas de aprender, con ganas de absorber todo cuanto le depara su entorno, su vida…Pero de repente, a su corta edad, oye por primera vez:

«Eres un llorón»
«Puro nervio, eso eres tú»
«Mira que eres vago» 
«Tienes muy mala leche»
«Eres un antipático»
«Eres un patoso»
«Menudo manta estás hecho»
«Eres malo, muy malo»
«Qué cochino eres»
«Es que es un empollón»
«Míralo si es superdotado»
Y así podríamos estar infinito. Las ETIQUETAS son como pegatinas que vamos poniendo una tras otra encima de nuestros pequeños. Niños que están aprendiendo, que están caminando a su ritmo para crecer y llegar a ser adultos….Niños que fueron, que son y serán….Niños que fuimos…y adultos que nos hemos convertido gracias a las etiquetas en «antipáticos, listísimos, burros, vagos, tontos, patosos…» Adultos que sabemos de sobra que las etiquetas nos han perseguido, se han escondido en las bocas de personas queridas, personas en las que pensamos incluso que todo lo que nos decían era cierto ciertísimo. Personas que como seres humanos, también se han equivocado, también han sido niños…y también han tenido este lastre sobre su espalda.
Por eso hoy quiero reflexionar, quiero que reflexionemos juntos, que nos plantemos ante esta inútil herramienta que lo único que hace es desgastar emocionalmente, que intentemos cambiar esas ETIQUETAS por frases respetuosas como por ejemplo:
«¿Estás bien?» (pregunta cuando se ha caido?
«Veo que estás nervioso ¿quieres un abrazo?»
«Veo que estás concentrado» (pensando: por eso no me da un beso)
«Se ha roto el vaso de cristal. Voy a recogerlo para evitar hacernos daño ¿me ayudas?»
«Veo que te has esforzado mucho todo este curso ¿estás contento?»
Porque etiquetar a una persona es directamente enmarcarla en ese cuadro del que posiblemente jamás saldrá. Porque cuando os preguntan a vosotros cómo sois…¿qué respondéis? ¿No os vienen todas las ETIQUETAS DE GOLPE? ¿esas que un día os dijeron…tal vez?
Es difícil borrar literalmente las ETIQUETAS, sin duda, muy difícil, pero no imposible, y con pequeños giros a las frases que decimos podemos cambiar todo un futuro…por favor, no digamos «no puedo» digamos «lo voy a intentar y si me equivoco lo volveré a intentar». Equivocarse es un regalo de la vida para mejorar como personas. No nos sintamos culpables, sintamos que queremos ser mejores, sintamos que podemos. Sintamos que somos capaces de dejar en blanco el «curriculum» de nuestros hijos para que ellos mismos escriban su propia historia. Para que ellos mismos se den cuenta de sus fortalezas y debilidades. Porque así no vivirán siendo un «personaje» creado por otras voces, sino que vivirán siendo las personas que quieren ser.
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Gracias por acompañarnos…

QUIERO QUE MI HIJ@ SEA: FELIZ, AMABLE, TRABAJADOR, BUENO.. Aquí 7 claves

Lo primero que debemos tener claro es qué son todas estas palabras: bueno, amable, trabajador, feliz, simpático, empático, soñador, altruista, solidario, etc, etc. Todas estas palabras las podríamos resumir en: HABILIDADES SOCIALES

Las Habilidades sociales podríamos decir que es «la capacidad que tienen las personas para desenvolverse en el ámbito social de manera correcta, hábil y con facilidad» Por lo tanto podemos decir que las habilidades sociales depende de uno mismo. Y al mismo tiempo que las habilidades sociales se aprenden.
Para que una persona pueda llegar a aprender todas estas habilidades sociales tienen que darse unas condiciones vitales importantísimas…ya desde la INFANCIA. ¿Cuáles?
-Autoestima en el niño.
-Sentir que pertenece en su hogar, que se le tiene en cuenta.
-Autonomía, sentir que es capaz el solo, en la medida de sus posibilidades.
-Independencia, sentir que no se bloquean sus movimientos ni sus acciones.
-Valorar los errores como aprendizajes, sin que exista culpabilidad, castigo o reproche.
-Valorar las buenas acciones, sin que exista premio, para evitar la dependencia.
-Sentirse escuchado cuando no tiene un buen día.
-Ser capaz de reconocer sus emociones y la de los demás, y actuar y gestionar las mismas de manera respetuosa.
Ahora quiero que reflexionemos, creéis que todas estas habilidades sociales se consiguen:
¿Con autoridad? ¿Con gritos? ¿Con amenazas? ¿Con castigos? ¿Con reproches? ¿Con cachetes? ¿Con insultos? ¿Con premios? ¿Con aplausos? ¿Con elogios?
¿Alguien piensa que sí? Pues bien decir, que desde esta visión lo único que conseguimos es totalmente el efecto contrario a lo que queremos. A corto plazo parecen funcionar pero a largo plazo se ha descubierto que lo que conseguimos con todas estas cosas es:
-Baja autoestima.
-Sentir que no pertenecen a su familia, que no se les tiene en cuenta.
-Dependientes siempre de lo que digan los demás para saber si una cosa está bien o mal.
-Creen que el error es algo que nunca deben cometer, que es de perdedores.
-Sentir soledad, rabia, odio, ganas de «revancha».
-No ser capaces de reconocer sus propias emociones ni la de los demás para gestionarlas de manera respetuosa y pacífica.
Ahora bien ¿cómo podemos fomentar todas estas habilidades positivas de vida? Aquí van 7 claves o propuestas basadas en LA DISCIPLINA POSITIVA y LA EDUCACIÓN MONTESSORI.
1.QUE TU HIJO/A SIENTA QUE PERTENECE AL HOGAR FAMILIAR ¿Cómo? Ambiente Preparado. Donde no solo hay cosas de adultos a altura de adultos, sino cosas para niños a altura de niños.
2.AUTONOMÍA, en la medida de sus posibilidades. Que sienta que es capaz de: ponerse los zapatos, poner la lavadora, quitarse la camiseta, elegir con lo que quiere jugar en ese momento.
3.MOTIVAR. Que el niño sienta que se le acompaña pero sin ser juzgado. Que se le quiere pero teniéndolo en cuenta. Teniendo en cuenta sus necesidades, sus opiniones, y no sobreponiendo las nuestras. Evitar, por tanto, frases en las que opinemos»¡qué dibujo más bonito!» «¡muy bien!» por frases que acompañan como «¿qué has dibujado? ¿te gusta?» o «gracias por ayudarme mientras cocinaba».
4.DARLES LA OPORTUNIDAD DE COMETER ERRORES. Evitar regañarles si se les cae un vaso de agua. Evitar terminar su construcción para que no se caiga la torre que está haciendo, etc.
5. RECONOCER SUS EMOCIONES. Validar sus sentimientos, acompañarlos y respetarles en los buenos y en los días malos. Pues todos tenemos.
6.LIBERTAD DE MOVIMIENTOS. Darles la posibilidad de tener independencia, dentro de sus posibilidades, en cuanto a movimiento. 
7.SER RESPETADOS. Igual que los adultos pedimos que nos respeten en nuestras ideas, emociones, elecciones, los niños también piden ser respetados. AQUÍ os dejo un post donde expongo varios ejemplos para reflexionar. 
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Queremos educarlos. Pero sin darnos cuenta…

Hoy quiero “gritar” de alguna manera ante aquellas acciones
contradictorias de las que he sido testigo desde que mi ojo clínico maternal-Montessori
se cruzo por mi camino. Ojo no digo que algunas no las pueda cometer yo misma, somos humanos. Con esto no pretendo juzgar el comportamiento de nadie,
quiero simplemente reflexionar…algo que deberíamos hacer bastante a menudo.
Queremos que nuestros hijos compartan. Pero mientras les
decimos que tienen que compartir les arrebatamos el juguete para dárselo a
otro.
Queremos que nuestros hijos dejen de gritar. Pero mientras
se lo decimos alzamos la voz “¡Te he dicho que no grites!”
Queremos que nuestros hijos dejen de pegar. Pero mientras se
lo decimos “¡Te he dicho que no se pega!” les damos un cachete en el culo.
Queremos que nuestros hijos no cojan rabietas. Pero sin
saberlo coartamos sus decisiones y bloqueamos su identidad.
Queremos que nuestros hijos no insulten. Pero en ocasiones
en nuestro día a día de adultos nosotros insultamos.
Queremos que nuestros hijos no digan palabrotas. Pero cuando
hablamos con un amigo/a se nos escapa alguna.
Queremos que nuestros hijos no se frustren. Pero a veces les
hacemos bromas que solo entienden los adultos.
Queremos que nuestros hijos después del colegio vayan a inglés, matemáticas y otras clases de apoyo sin rechistar. Pero cuando nosotros terminamos de trabajar solo queremos sentarnos a descansar. 
Queremos que nuestros hijos no derramen el vaso de agua, o no se les rompa un plato. Pero si en la cena de amigos a algún amigo se le rompe un plato, o se le desborda el vaso de limonada, no pasa nada, incluso alguna risa nos echamos. 
Queremos, queremos, queremos…pero en ese queremos nos
olvidamos de comprenderlos, amarlos y respetarlos. Día a día nos separan 5
segundos de nuestras decisiones, decisiones importantes que pueden repercutir
en el presente y futuro de nuestros pequeños.
Respiremos, no nos culpemos de los errores, aprendamos de ellos. Pero dejemos que nuestros hijos también tengan esa oportunidad que brinda la vida.
Seamos como queremos que sean nuestros (presentes y futuros) hijos…

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¿LOS NIÑOS SON MALOS?

Hace poco leí un artículo…en la que su autora decía que «los niños son malvados, egoístas ( y muchas otras etiquetas despectivas) y que lo son por naturaleza. 

Y si leísteis el post de ayer dije «vive y deja vivir». Ahora bien no me parece aceptable tomar la determinación de etiquetar absolutamente a nadie, y menos a los niños, que son precisamente el diamante en bruto que traemos a este mundo. No pretendo juzgar, ni etiquetar, pretendo poner sobre la «mesa» esta afirmación con otra reflexión.
Cuando alguien afirma tal cosa a mi siempre me invade la duda de…en qué estudios se ha basado, qué información contrastada y veraz (tanto a nivel científico, psicológico, etc) ha recogido para tomar la determinación de escribir esa afirmación tan dura.
La neurociencia nos habla de que el cerebro tarda alrededor de 25 años en desarrollar totalmente la corteza prefrontal del cerebro.  La corteza prefrontal es la que se encarga de reconocer lo que está bien de lo que está mal, la que regula nuestras emociones, la que nos hace que nos controlemos, la que razona. ¿Qué supone esto? que el niño, que por supuesto, tiene menos de 25 años, no ha desarrollado por tanto la corteza prefrontal y es por esta razón que somos los adultos los encargados de guiar a nuestros pequeños para que puedan ir adquiriendo un comportamiento sano y respetuoso. Porque ellos no pueden controlarse como lo hacemos nosotros, pero si pueden aprender qué sienten ellos mismos, y qué sienten los demás con determinadas circunstancias, y si pueden aprender habilidades sociales y valores que les hagan gestionar los conflictos de la mejor manera posible. Porque sin duda tendrán herramientas valiosas que habrán aprendido si el adulto que les acompaña intenta ser lo más respetuoso con ellos. 
Los niños no pegan porque son malos, pegan porque se frustran y a veces no saben comunicarse, quieren conectar con el adulto, con el amigo, o con alguna persona pero no saben cómo hacerlo, la manera más rápida es la mano, porque como hemos dicho antes LA CORTEZA PREFRONTAL TARDA ALREDEDOR DE 25 AÑOS EN DESARROLLARSE EN SU TOTALIDAD…no tienen autocontrol como los adultos. Es por esta razón que la respuesta del adulto en ese momento no debe ser devolverle la «torta» porque evidetemente el niño no sabe lo que está bien o lo que está mal, pero si el adulto lo hace…entonces…eso ya significa para el niño que sí se puede hacer que no hay otra manera de abordar las cosas…pero en cambio si el adulto le ofrece una alternativa respetuosa el niño puede aprender facilmente a dar respuesta a su frustración de una forma totalmente opuesta a la agresividad.

Muchas escuelas ya se está practicando la inteligencia emocional, porque tener empatía es un aspecto fundamental en nuestra sociedad para comprender a los demás. Pero no solo eso sino que entender nuestras emociones nos hace todavía más fácil el camino para conectar con las demás personas desde una base pacífica, respetuosa.

La disciplina Positiva y la Educación Montessori son a largo plazo, y sí puede que a corto plazo «sirva» un castigo, un cachete, porque tal vez bloquee al niño (pero simplemente hace eso, bloquear)…porque estudios demuestran que esta forma de educar solo ha traído guerras, competencia, irresponsabilidad, rebeldía, odio, y estudios demuestran que la disciplina positiva, la educación emocional, y otras muchas que podría nombrar reducen notablemente el estrés en el niño y por tanto aumenta el aprendizaje en valores sociales, habilidades sociales necesarias para obtener la paz, no solo interior sino social. 

Y con este post no pretendo nada más que ofrecer una opinión totalmente opuesta a la afirmación que os comentaba al inicio. Una opinión basada en mis estudios de DISCIPLINA POSITIVA y en EDUCACIÓN MONTESSORI. No pretendo que nadie opine igual que yo, pero si me gustaría que con este mensaje todos tengamos la oportunidad de contrastar la información, y con esto quiero decir que antes de creer algo, incluso lo que digo yo, os deis la oportunidad de ir siempre a la fuente y entonces solo entonces ver que es lo realmente veraz. 

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Querernos para Quererles

Como padres estamos continuamente dando ejemplo a
nuestros hijos. Pero para poder dar ejemplo lo primero que debemos hacer es
llegar a lo más profundo de nuestro ser. CONOCERNOS.

Continuamente estamos expuestos a estímulos que nos
agitan, nos abruman, nos desbordan, nos oprimen…y criticamos, y nos quejamos…y
hacemos crecer nuestro malestar agrandando lo que en un principio pudiera ser
pequeño.

En cambio, si nos CONOCEMOS podemos focalizar todas estas
acciones que no hacen más que quitarnos la posibilidad de resolver nuestros
propios conflictos de una manera pausada, reflexiva. Antes de hablar deberíamos
intentar solucionar.
Es por eso que para dar ejemplo lo mejor es que:
NO CRITIQUES: Ni cuando está tu hijo delante ni cuando no lo está. Pues al criticar desperdiciamos tiempo y
energía, en vez de criticar deberíamos abordar el problema, con quien lo
tengamos o con nosotros mismos, siempre de manera respetuosa. De esta manera damos un buen ejemplo y somos conscientes y coherentes con nuestras acciones.
NO TE QUEJES: Ni delante de tu hijo ni cuando tu hijo no esté.
¿De qué sirve que cuentes tus problemas
familiares? Nadie te dará mejor consejo que el que tu mismo/a puedes darte,
cada familia es un mundo, cada uno resuelve los problemas desde su visión, con
las herramientas que dispone, exponer quejas solo alimenta una insatisfacción y
no pone solución a los problemas. Por norma general cuando nos quejamos vamos
más allá de la realidad y las circunstancias haciendo todavía más grande ese
hecho.

NO TE COMPARES, NO LES COMPARES: Ni en presencia de tu hijo ni en su ausencia. Debemos ser conscientes de que pese a que todos tenemos que ser tratados de la misma manera: MEDIANTE RESPETO, LA EMPATÍA Y DIGNIDAD. Cada uno de nosotros somos diferentes, y esto incluye a nuestros hijos. Tenemos formas diferentes de percibir la vida y de sentir, de pensar y hemos de comprender este hecho. Es como si nos pusiéramos a comparar un  pez con un mono…¿cómo se puede comparar tal cosa? ¿Si uno nada y el otro trepa, si el que nada no trepa y el que trepa no nada? ES ILÓGICO 

¿Y SINO CRITICO, NI ME QUEJO, NI COMPARO, QUE HAGO?  Comprender, sentir, amar. Tan simple como Buscar soluciones. Hablamos
de sentir la vida como nosotros la pensamos, sin la influencia de los demás, de
observar nuestros comportamientos, nuestros sentimientos y emociones, para
saber que es realmente lo que nos pasa. ¿por qué estamos así?
Hablamos de trabajar
nuestra calidad de vida. De levantarnos con una sonrisa, de poder mostrar esa
sonrisa diariamente a nuestros hijos. Hablamos también de que para que todo
esto suceda es necesario CUIDARNOS. Descansar lo suficiente como para que
nuestra mente no se envenene con hechos “irracionales” y sin sentido. TENEMOS
DERECHO A CUIDARNOS, somos padres pero no prisioneros. TENEMOS DERECHO a
querernos, a dejar a nuestros pequeños en las mejores manos para poder tener
tiempo para nosotros/as. TENEMOS DERECHO A NO SENTIRNOS CULPABLES porque por
naturaleza necesitamos un tiempo físico y mental para nosotros/as es la única
manera de poder querer a los demás. Es la única manera en la que nuestro
cerebro no entrará en un estado reptiliano. Y cuando digo reptiliano me refiero
a el típico reptil que para sobrevivir se como a su cría.
Así pues QUERÁMONOS
para QUERER. CUIDÉMONOS para CUIDAR. No solo a nivel físico sino también
mental. Debemos proyectar buenas energías, buenos estados de ánimo para crear
un clima apacible y respetuoso en nuestro hogar.
Dedicarnos unos
minutos, unas horas al día…NO ES MALO, ES NECESARIO, para nosotros y sobretodo,
como padres, para nuestros hijos. Pues como dije al principio somos el ejemplo.
Si nosotros nos amamos ellos aprenderán a amarse a sí mismos. Visto de esta
manera…¿no os parece algo muy importante para su futuro?
Nunca es tarde para
empezar a querernos…nunca es tarde para que ellos aprendan a quererse…

Aquí os dejo unas palabras que escribí cuando descubrí la Educación Montessori y la Disciplina Positiva. Palabras que dan valor a QUERERNOS A NOSOTROS MISMOS.
«Antes de que naciera ya le quería…
preparé su habitación, preparé su ropa,
me preparé para recibirlo

Cuando llegó sentí el amor más poderoso
que pudiera haber sentido…empecé a quererle tanto
que llegamos a ser uno

Nuestras vidas se unieron de una manera todavía
más grande que cuando estaba dentro de mi vientre…
Nos necesitábamos, nos necesitamos…

Un día dejé de dormir…pero estaba tan llena de paz y de amor…
Él estaba enganchado a mi pecho tan feliz. Estuve contando
sus pestañas. 

Otro día dejé de dormir…miraba como respiraba
hasta que volvía a engancharse nuevamente a mi pecho.

y al siguiente día dejé de dormir porque fue la primera
vez que mi pequeño estaba enfermo. Y yo sentí miedo…
solo quería volverle a ver sonreir.

Y así se sucedieron los días en los que yo dejé de dormir
y mi mente todavía seguía animada y enamorada, hasta que de
pronto algo cambio…

Un día me levanté cansada…casi no podía abrir los ojos, pero
luche con todas mis fuerzas para poder estar a su lado.

Otro día me levante sin ganas de peinarme, sin ganas de 
ducharme, sin ganas de vestirme, pero permanecí a su lado 
porque todavía me quedaban fuerzas…

Y así sucedieron los días en los que me levanté cansada,
y en uno de ellos desperté
enfadada…y le grité, sí le grité.
Y en ese grito me enfadé conmigo misma. Pero ya no pude evitar haberlo hecho…
Y le dolió y a mi me dolió.

Y entonces solo entonces me di cuenta de que en ese proceso
no se sabe cuando deje de quererme…

Comprendí que quererme iba unido a quererle.
Comprendí que cuidarme iba unido a cuidarle.

Y entonces pensé nunca es tarde para volver a quererse…

Comprendí el verdadero significado de esa fuerza sobrenatural que nos une a una madre y un/a hijo/a. Comprendí que es necesario QUERERSE para poder QUERERLES CON MÁS FUERZA TODAVÍA…y lo hice por él y lo hice por mí…pero sí…primero lo hice por él.  

POR QUERER QUERERLE DESDE EL CORAZÓN Y NO DESDE EL INSTINTO IRRACIONAL. POR QUERER QUERERLE DESDE LA PAZ Y NO DESDE EL CANSANCIO. POR QUERER QUERERLE DESDE EL RESPETO Y NO DESDE EL CONTROL. 

Lo hice por él, lo hice por mí, pero sí…primero por él. Soy madre.»

Está claro que somos seres humanos. Nadie es perfecto, no somos maquinas, no estamos preparados para actuar de manera mecánica, tenemos sentimientos. Y muchas veces vamos a sentirnos vencidos, cansados, estresados ¡Y ES QUE SOMOS HUMANOS! pero en ese caso podemos recurrir a otras personas para tener un tiempo para nosotros, para reflexionar, para volver a nuestro centro. De la misma manera debemos comprender que equivocarse no es algo malo, no debemos culparnos, debemos ser conscientes y aprender del error, intentar dar solución desde el corazón y la razón. Y sin duda lo haremos mejor si aprendemos a QUERERNOS…simplemente QUERERNOS PARA QUERERLES

¿Por qué evitar los castigos? ¿cuáles son sus consecuencias?


Antes de empezar esta entrada me gustaría comentar que me he servido de una
fuente poderosa para poder explicar las consecuencias del castigo. Se trata de
La Disciplina Positiva, que tan bien se complementa con la filosofía
Montessori y de la que ya os he hablado en varias ocasiones. Recordar también que en la educación Montessori no se utilizan premios ni castigos. Por tanto existe una buena unión entre la DP y Montessori.

Veréis existen dos
maneras de interactuar con nuestros hijos una es desde el CONTROL y otra es
desde la CONEXIÓN RESPETUOSA.
Mientras el
castigo es una herramienta para poder tener un CONTROL sobre nuestros hijos. La Disciplina Positiva es una herramienta para poder CONECTAR con nuestros hijos
de manera respetuosa.
Está claro que el
castigo a corto plazo tiene un resultado, y es que en ese momento puede que la
conducta deje de realizarse simplemente por temor…
Pero ¿qué es lo
que realmente está pensando nuestro hijo en ese momento? ¿cómo se siente?
 
El castigo impone
tu voluntad contra la suya, es una lucha de poder. Nace de la irracionalidad,
cuando nuestro cerebro está en estado reptiliano. 
¿Por qué se recurre
al castigo? la prisa, pensar que los padres deben se autoritarios, el hecho de
que los padres sientan que tienen el poder sobre la situación, etc. ¿Pero qué
conseguimos en nuestros hijos con esta actitud? Que se sientan infravalorados,
incomprendidos, con ganas de desafiarnos, con ganas de imponer su voluntad, con
ganas de revancha.
Con los castigos
encendemos en nuestros hijos la mecha de una “Bomba”. Castigo, tras castigo, la
mecha va propagándose, hasta que finalmente la bomba explota.
 
A corto plazo
parece que tenga resultado, pero dentro de nuestros hijos se está creando un
malestar interno, una visión negativa sobre la maternidad y la paternidad,
donde nuestro hijo no se siente a gusto con nosotros sino que siente que tiene
que desafiarnos en todo momento. SE SIENTE AMENAZADO.
La Disciplina
Positiva trata de evitar justamente la imposición, la obediencia, la fuerza,
las relaciones verticales. La disciplina positiva no es a corto plazo, no se ve
en el ahora, es una construcción que se va creando en el interior de nuestros
hijos, en vez de una bomba encendemos una vela. Donde mediante el respeto
mutuo, la escucha activa, la validación de los sentimientos, la comunicación
respetuosa,  el acuedo de
las normas del hogar, las reuniones familiares, el enfoque a soluciones, y
todas las herramientas que sustentan esta filosofía, hacen que poco a poco esa
llamita que hay dentro de nuestros hijos comience a encenderse, a crear un
clima confortable dentro de su ser. 
Con la Disciplina Positiva encendemos una vela. Poco a poco, con respuestas respetuosas, vamos haciendo que sea posible que se encienda esa llamita dentro de nuestros hijos. Y que crezca y comience a crear un clima confortable dentro de su ser. Poco a poco creamos una conexión, donde nuestros hijos confiarán en nosotros, sentirán que se les tiene en cuenta.
Nuestros hijos poco a poco comienzan a
sentir confianza en sí mismos y en nosotros, seguridad en un entorno donde no
se les juzga, no se les culpa, no tienen que tener miedo, y por tanto tienen la
oportunidad de reconocer y resolver sus problemas, experimentan en primera
persona las consecuencias naturales de las cosas y ponen responsabilidad en
cada cosa que realizan.
En cambio mediante
el castigo la unica opción que le damos a nuestros hijos es la de defenderse de
sus propios padres. Nuestros hijos nos ven como una amenaza para su bienestar y
todo ello hace que como padres perdamos la magnífica oportunidad de que ellos
sean capaces de aprender habilidades sociales y de vida: respeto hacía mi
mismo, respeto hacía las personas, respeto hacía el ambiente. Responsabilidad
conmigo mismo, responsabilidad con las demás personas, responsabilidad con el
entorno. Pierden por tanto el saber como responder ante los problemas, pierden
la toma de decisiones, no se enfocan en la solución sino en el problema. Lo que
hace que en un futuro se conviertan en personas poco éticas y compasivas,
personas rebeldes, autoritarias, personas donde les da igual lo que sienta el
otro…
El Castigo lo que
trae con él es la anulación por completo del sentido de pertenencia de nuestros
hijos. Ellos dejan de sentir que pertenecen a la familia, se ven lejos de esa
conexión. Deteriora poco a poco la unión familiar. Conduce indudablemente a que
nuestros hijos piensen y sientan que deben vengarse.

Como padres
debemos dar ejemplo, debemos aprender a canalizar nuestras emociones, debemos
tomarnos un tiempo fuera positivo en los momentos que nos veamos que la “rabia”
se apodera de nosotros. Podemos acudir a nuestra pareja, si en ese momento lo
que vamos a decir a nuestros hijos no va a traer nada bueno. Podemos
marcharnos, respirar hondo, para volver ya tranquilos y hablar las cosas fuera
del problema, desde una visión calmada y enfocándonos en las soluciones. Desde
el respeto, la empatía. Ofreciento por tanto, nuestro mejor YO.

Limites y Normas ¿Por qué son necesarios?

En cualquier ambiente Montessori existen normas. La libertad que se crea en el ambiente es una libertad guiada, una libertad para la convivencia social. Donde es necesario: Respetar a los demás, respetar el material y respetarse uno mismo.
Porque los límites son necesarios para la convivencia. Y es necesario que sean unos límites claros, unas normas sociales que eviten atentar contra la integridad de alguien, que eviten que seamos irrespetuosos con todas las cosas y personas que nos rodean. 
Para ello, como ya sabéis, desde el Blog apostamos por una Disciplina Positiva, que bajo nuestra opinión, se complementa totalmente con la filosofía Montessori.
Los adultos, en este caso, los padres, a la manera de Disciplina Positiva (sino recuerdas que es puedes leer más AQUÍ)  debemos establecer un conjunto de normas para la convivencia en el hogar. Normas que si nuestros hijos son mayores pueden participar de ellas. Mientras nuestros hijos sean pequeños, seremos los padres los responsables de estos límites para su seguridad. Por eso es muy importante crear un ambiente preparado (sino te acuerdas puedes refrescar memoria AQUÍ) creando así condiciones que animen a nuestros hijos a tener conductas adecuadas. Si por ejemplo vemos que nuestro hijo está empezando a golpear un material, o cualquier cosa que tengamos por casa, no siendo esa su utilidad, podemos ofrecerle una alternativa «puedes golpear este tambor, pero este material no, se rompe». Siempre con palabras sencillas, cortas, que puedan entenderlas, sin enrollarnos. Siendo amables pero también firmes.
Para ello nos podemos servir de diferentes herramientas:
-Ambiente preparado. Necesario para que sientan un orden y una seguridad. Éste debe estar dispuesto según su etapa del desarrollo (sino recuerdas puedes ver más AQUÍ)
-Tabla de rutinas. Mostrar a nuestro hijo de manera secuencial que es lo que toca en cada momento. (puedes ver un ejemplo de tabla de rutinas AQUÍ).
-Anticipador de situaciones Si queremos evitar que nuestro hijo se sienta sorprendido cuando de repente nos tenemos que ir de casa o del parque, queremos cambiar una determinada conducta, etc, sería conveniente mostrarle con anterioridad que es lo que va a suceder. 
-Ponernos en sus zapatos. Si a nuestro hijo le apetece ir al parque y en ese momento no puede ser entonces le ofreceremos una respuesta que muestre que le entendemos «Sé que te gustaría ir al parque pero tenemos que volver a casa para cenar y bañarnos» lo más seguro que la reacción sea no querer ir podemos buscar alternativas que lo inviten a participar «Hoy toca tortilla de patata  ¿te apetece batir los huevos?».
Puede pasar también que se enfaden y nuestra actitud debe ser la misma, amable y firme. Actuar siempre desde el corazón, cuando nuestros hijos no pueden mostrarnos lo que sienten porque no tienen suficiente vocabulario «Sé que estás enfadado. Lo entiendo. Podemos venir mañana al parque»
-Organizar actividades adecuadas a sus necesidades -periodos sensibles- (sino recuerdas los periodos sensibles puedes verlo AQUÍ ).
-Confiar en ellos. Dejemos que colaboren en las tareas del hogar. Que sientan que pertenecen. Que son importantes.
Escuchar, respetar, hablar de una manera lo más positiva posible. Sin gritar, sin criticar, sin juzgar, sin etiquetar. Los padres somos el ejemplo de nuestros hijos. Los límites no implican que seamos irrespetuosos sino todo lo contrario las normas y los límites se establecen para ser precisamente respetuosos con nuestro entorno. Lo que hay que tener en cuenta es la manera en la que se ofrecen esos límites. Que debería ser siempre desde amor, la empatía y el respeto.

Recuperarse de los errores

Para empezar quisiera decir que las personas no somos maquinas. Partiendo de ahí es normal que nos equivoquemos. Es natural que tengamos errores, lo que sería antinatural sería no tenerlos. 
Los padres, me incluyo, siempre queremos ofrecer a nuestros hijos lo mejor. Y en ello va también ofrecerles nuestro mejor «YO». Pero muchas veces, por cualquier circunstancia, nos vemos abrumados, agobiados, cansados y no actuamos de la mejor manera, o de la manera que quisiéramos. Otras veces simplemente queremos hacerlo tan bien que no sabemos como hacerlo y dudamos (¿estará bien? ¿estará mal?¿debería hacerlo así?).
Hoy quiero hablaros de algo que aprendí en Disciplina Positiva. Una de las muchas herramientas de la Disciplina positiva para las familias, y para cualquier persona o circunstancia. Se trata de las tres «R» para recuperarse de los errores.
1.Reconocer
2.Reconciliar
3.Resolver
Debemos evitar culparnos de nuestros errores y los de nuestros hijos. Debemos empezar a reconocer que los errores son oportunidades de aprendizaje. No podemos ver el error como algo malo, pues en ello va también nuestro estado de animo. Cuando lo vemos como algo malo nos sentimos desanimados, fastidiados, enfadados, etc. Pero si los vemos como algo positivo aprendemos con ellos, crecemos. 
Perdonemos nuestros errores. Reconozcamos (primera «R») que hemos cometido un error y disculpémonos Reconciliar (segunda «R») «lo siento». Nuestros hijos siempre estarán dispuestos a perdonar, además con ello estamos dando ejemplo a nuestros hijos. Que sepan que somos humanos, que podemos equivocarnos, que no estamos controlándolos sino intentando conectar con ellos.
Muchas veces los padres y también nuestros hijos, incluso en cualquier ambiente, aún sabiendo cual sería nuestra mejor forma de actuar no siempre actuamos de esa forma. Como he mencionado antes, no somos maquinas, estamos hechos de sentimientos, sentimientos que muchas veces nos atrapan, perdiendo nuestro sentido común.
En Disciplina positiva se muestra a los padres que realmente la importancia no está en cuantos errores cometamos como padres sino en aprender que he cometido un error y como puedo crecer para resolverlo. Para lograr que las cosas sean mejor de lo eran antes.
La Recuperación (tercera «R») es cuando nos hacemos responsables de nuestro error lo afrontamos con respeto y amor y colaboramos juntos para resolverlo y dar una solución a ese problema.  
No debemos olvidar que los padres somos el modelo de nuestros hijos, ellos son nuestro reflejo, debemos cuidarnos, debemos cuidarles, debemos conectar con ellos.
Lo importante no es ser los padres más perfectos del mundo, NO. Lo importante es disfrutar de cada momento que pasamos con nuestros hijos, aunque nos equivoquemos. Todos nos equivocamos, no estamos solos, somos todos los padres, todos los hijos, todas las personas. Nadie es perfecto. Pero si es tarea nuestra saber como afrontar nuestros errores. Hacerlo de una manera adecuada, respetuosa, pacífica para que nuestros hijos realmente vean y sepan de primera mano, por el ejemplo de sus padres, como se tiene que actuar en estas situaciones. Resolver problemas de forma empática y pacífica es parte de la educación, es parte de la vida, pero no una parte cualquiera, sino una de las partes más importante para vivir en sociedad. Se trata de lo que María Montessori llamaba «Educación para la vida» «Educar para la Paz».

Si tenéis la oportunidad de asistir a un taller de Disciplina Positiva donde su facilitadora sea una educadora de padres certificada en Disciplina Positiva os animo a que participéis, a que vayáis a descubrir esta herramienta tan poderosa y respetuosa con nosotros los padres y con los niños.

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OFRECER UNA AUTONOMíA SANA

Si aunamos la Disciplina Positiva y la Filosofía Montessori vemos que es de vital importancia la AUTONOMÍA. 

¿Recuerdas cuando lo hablamos desde un enfoque Montessori en anteriores post? Puedes refrescar memoría AQUÍ.
Pues bien, en Disciplina positiva el «YO SOY CAPAZ» o lo que es lo mismo en la filosofía Montessori «DÉJAME HACERLO POR MI MISMO» debe partir de una base sana, natural. Donde el niño realmente tenga la creencia de que si es capaz de hacer las cosas.  Para ello lo primero que debemos hacer es concienciarnos los padres. Pues la sobreprotección, el rescate, no pasar suficiente tiempo con ellos, el chantaje, el realizar sus tareas, las riñas, las exigencias y el solventarles los problemas no llevan, para nada, a una AUTOESTIMA SANA y por tanto a una AUTONOMÍA SANA.

Se trata de que nuestros hijos desarrollen habilidades para que se sientan capaces de realizar las cosas. Para ello debemos involucrarlos en las soluciones, en la practica de las habilidades, en que experimenten, vivan y sientan en primera persona lo que son capaces de hacer.
Pero claro muchas veces a los padres nos resulta difícil desaprender todo lo aprendido, pues llevamos la mochila de nuestra infancia, un recorrido en el que posiblemente se nos educó de una manera totalmente opuesta a lo que nosotros pretendemos hacer. Y eso es tarea complicada. Tomar conciencia de la realidad, de que los niños no han de ser CONTROLADOS sino que han de CONECTAR con el adulto, es complicado entenderlo cuando muchas de las cosas las hacemos sin darnos cuenta. 
Para ello la Disciplina Positiva ofrece a los padres herramientas para poder comenzar a comprender a los niños, para poder comenzar a caminar sobre un terreno en el que no sea todo perfecto pero tanto padres como hijos disfruten de su relación. 
Es por eso que los padres debemos tener en cuenta algunas piezas del rompecabezas de los principios de la Disciplina Positiva (puedes leer nuestro primer post de Disciplina positiva AQUÍ y AQUÍ si no te queda claro que es).
-Los padres debemos ser amables y firmes. La amabilidad o gentileza es importante para que los adultos le mostremos respeto al niño y la firmeza es importante, también, para mostrarnos respeto a nosotros mismos, la situación en la que nos encontramos y las necesidades del momento.
-Debemos mostrarnos respeto Mutuo. Ambas partes deben respetarse en cualquier momento.
-Proponernos reuniones familiares. Involucrar a los niños en las actividades familiares, en la importancia de agradecer ciertas acciones. En proyectar alguna actividad conjunta donde todos participan.
-Hacer llegar al niño que PERTENECE al grupo. Es importante que el niño sienta que pertenece a su grupo familiar. Puedes ver el post de pertenencia AQUÍ (te ayudará a entenderlo mejor).
-Fomentar la colaboración mutua. Nuestros hijos pueden participar en las tareas del hogar, y en cualquier actividad familiar sin que estas sean una obligación o un suplicio.
-Ofrecer la AUTONOMÍA según sus capacidades. Evitar hacer todo por ellos.

-Ofrecer libertad con límites. Cuando hablamos de la libertad con límites nos referimos a que «tu libertad termina donde empieza la mía» es decir, hemos de tener en cuenta que vivimos de manera social, que debemos respetarnos tanto unos como otros y no podemos atentar contra la integridad de nadie. El límite ha de responder a un límite social. Puedes leer más AQUÍ.

-Saber que los errores son oportunidades de aprendizaje. Tanto si nos equivocamos los padres, como si nuestros hijos se equivocan, somos humanos, debemos ser conscientes de que no somos capaces de actuar como máquinas y que cualquier error que tengamos debe ser visto como una oportunidad para crecer, para aprender, para saber como hacerlo la próxima vez. No nos torturemos, no les torturemos.
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